La Provincia de San José en Venezuela

 

La provincia de San José nace afirmada principalmente en Venezuela con una marcada vocación hispanoamericana, en cumplimiento del acta III del capítulo general de 1944, que insistía en, "pasadas las circunstancias actuales y llegado el tiempo oportuno, se realiza la creación de una nueva provincia en Venezuela". Efectivamente, de la primera y segunda pregunta del consejo general al consejo provincial de San Nicolás de Tolentino, en los prolegómenos de la erección de la provincia, y de la consiguiente respuesta favorable del consejo provincial de San Nicolás, se advierte que la Orden mostraba su intención y su esperanza de que, con un pie en los logros contrastados a lo largo de los cincuenta años de trabajo apostólico de la Orden en Venezuela, y apoyada también en las casas del Perú y en alguna de las de España había garantías suficientes para proceder a la creación de una nueva provincia.

 

El prior general, P. Feliciano de Ocio, en el decreto fundacional de la provincia, habla del "progresivo florecimiento de la benemérita provincia de San Nicolás de Tolentino en tierras sudamericanas, especialmente su desarrollo manifiesto en Venezuela". Y en su primera circular a los religiosos de la nueva provincia afirma que la decisión de erigir una nueva provincia "se apoya en razones poderosas", que el prior general cifra en los "cincuentas años de trabajos fecundos, de sacrificios heroicos, de insomne desvelo por la gloria de Dios (que) han sido necesarios para gestar este momento, que viene a ser el ápice de la conmemoración cincuentenaria de la llegada de nuestros primeros religiosos a Venezuela".

 

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El decreto de erección habla de la que entonces era vicaría de Venezuela como "núcleo" de la nueva provincia, y así lo ratifica al proceder, en el segundo de los documentos fundacionales, a realizar las elecciones de los oficios y cargos de la nueva provincia. El primero de los oficios provistos por elección era el del prior provincial y, aunque no expresamente, equivalentemente le asigna como sede de la curia provincial la Residencia de Caracas, al determinar en dicho documento que el nuevo prior de su oficio en "la Residencia de Caracas".

 

La manifiesta imprecisión jurídica en este punto, así como algún otro inconveniente jurídico en dicho documento, como el de haber procedido a la elección de prior local de la residencia que, equivalentemente, se señalaba como sede provincial, en contradicción con las Constituciones de la época, que lo prohibían expresamente (n. 68), parecen ser las razones por las que el recién elegido consejo provincial, ya que en las Constituciones entonces vigentes era competencia reservada al capítulo provincial. El definitorio general procedió entonces (3 de enero de 1949) a la designación oficial de la Residencia de Caracas "como sede del provincialato de esa provincia de San José", y declara sin efecto" el nombramiento de prior local de esa residencia, hecho anteriormente.

 

La realidad de la Orden en Venezuela, al tiempo de la creación de la provincia era, en verdad, prometedora. Los mismos religiosos que allí habían trabajado apostólicamente, y que habían contribuido tan eficazmente a elevar a la Orden al grado y a la situación que permitía a los superiores de la misma pensar en la creación de la nueva provincia, son los que asumen con ilusión y entusiasmo el nuevo y difícil reto, para que el que se sienten capacitados, puesto que no era sino la continuación de colofón de lo que habían sido capaces de realizar hasta ese momento. Ellos eran, ciertamente, el principal capital con el que contaba y comenzaba su andadura la nueva provincia.

 

A la labor apostólica de estos religiosos de primera hora de la provincia, y también de sus predecesores, se refería Mons. Nicolás Eugenio Navarro, en su alocución en la misa pontifical, con la que se celebraban en la catedral de Caracas (8 de diciembre de 1948) los cincuenta años de la llegada de los agustinos recoletos a Venezuela, con estas encomiásticas palabras: "No hay al presente una sola de las demarcaciones políticas o eclesiásticas venezolanas que no haya sido teatro del celo apostólico de esas abnegaciones súbditos de la Recolección Agustiniana.

 

Quedase uno de veras asombrado con solo dar una ojeada al cuadro sinóptico de sus actividades que la Orden exhibe hoy como memorial perenne de amor a Venezuela durante el medio siglo que acaba de cumplirse.

 

cacr-provinciasjosemaracaiboNo hay recinto del sagrado menester que no haya sido entre nosotros proficuamente trajinado por los agustinos:

 

Desde el cargo parroquial, ya en el régimen permanente de ciertas duras feligresías, ya en el desempeño transitorio de muchas otras, hasta el múltiple servicio de capellanías y confesionarios en institutos de todo carácter religioso; desde la obra material de sus severas residencias hasta la fábrica, conclusión o embellecimiento de magníficos templos, bastándome mencionar al respecto su espléndida iglesia de San Agustín de Caracas y la estupenda de San José de Puerto Cabello.